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Kombucha – Un portento de la naturaleza

Hablando en términos bioquímicos el hongo de té Kombucha es un portento de la naturaleza.

¡Alimentado con azúcar y té verde, negro o una infusión a una temperatura de 23ºC (+ -5) en el hongo Kombucha se pone en marcha un tremendo mecanismo de complejas reacciones bioquímicas (procesos de asimilación y disimilación) que progresivamente liberan una oleada de múltiples sustancias valiosas al té que antes no existían!

Estos procesos no se desarrollan de forma desorganizada, al contrario, cada ingrediente cumple con su propia función:

Las levaduras existentes en el hongo convierten el azúcar añadido en dióxido de carbono (razón para las burbujas refrescantes) y en pequeñas cantidades de alcohol que, a su vez, les sirve como base nutritiva a los buenos microorganismos existentes en el hongo. Estos convierten el azúcar en celulosa que ayuda, entre otras cosas, a que crezca el hongo.

Mientras digieren el alcohol las bacterias beneficiosas para el organismo lo transforman en ácido glucurónico, ácido glucónico y ácido láctico (responsable del refrescante sabor ácido) produciendo al mismo tiempo numerosas vitaminas.

Después de 8 a 12 días de fermentación la Kombucha con sus numerosos efectos positivos está lista para el consumo humano y animal.

¿Por qué la Kombucha es tan eficaz?

Es la interacción de todas las sustancias vitales de la Kombucha producidas en su justa medida lo que justifica su efecto positivo sobre varias enfermedades y sobre el envejecimiento celular.

Hasta el momento estos son los ingredientes que se han detectado en el té Kombucha, pero se da por hecho que existen muchos más ingredientes todavía sin descubrir con el mismo efecto positivo para nuestro organismo:

 

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